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Cuando llega al Palacio Velázquez, hay un hombre muy
atractivo sentado en la terraza. Seguro que es Ernesto
Salinas: rubio, alto, con un traje azul. Un traje azul muy caro.
–Usted es Salinas, supongo –dice Lola.
–Sí. Y tú, Lola Lago… Perdona, podemos tutearnos
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, ¿no
crees?
–Naturalmente. Bueno, pues, usted… Quiero decir tú…
Tú dirás…
Lola está todavía un poco nerviosa. ¡Con un hombre tan
guapo y ella con esa cara!
Viene un camarero y pregunta qué quieren tomar.
–Yo, una tónica –dice Salinas.
–Pues yo necesito algo fuerte. Tengo problemas con una
muela… ¿sabes? Un orujo… Sí, un orujo
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con mucho hielo.
–¿Algo para picar?
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–pregunta el camarero.
–Para mí, no.
–Para mí tampoco, gracias.
–Bueno, pues te explico –dice después Salinas–. Te he lla-
mado porque necesito un detective. No confío mucho en la
policía. Tengo miedo por Víctor. Él tiene mucho dinero y…
–¿Cómo son vuestras relaciones?
–¿Qué quieres decir?
Lola piensa que Salinas ha reaccionado de una manera
extraña. Con un poco de desconfianza, quizá. Parece un
poco inseguro.
–Pues que cómo son vuestras relaciones: ¿buenas, malas,
regulares…? ¿Sois muy amigos?
–Bueno, sí y no
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. Somos amigos, pero, a veces, tenemos
problemas.
–¿Y cómo son vuestras relaciones económicas?
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–Yo soy su agente, su
manage
r. Pero a veces también soy
el productor de los discos.
–¿Y eso qué significa?
–Que invierto dinero… Que pago la producción.
–Dime la verdad. Un detective es como un médico. Hay
que decirle toda la verdad. ¿Por qué estás tan preocupado?
–Estamos terminando un disco. Un disco en el que yo ya
he invertido mucho. Y ahora han secuestrado a Víctor.
–Todavía no podemos hablar de secuestro.
–Es un secuestro. Yo estoy seguro.
–Bueno… quizá. ¿Cómo fue? Y dónde.
–Estos días él estaba aquí, en su casa de La Moraleja
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…
También tiene una casa en Estados Unidos, en Miami. Pero
ahora estaba en Madrid, para terminar el disco. Yo hablé
con él por la mañana. Luego, él comió con unos amigos, se
fue a casa y… Nadie sabe cómo fue. Nadie ha visto nada.
–¿Vive solo?
–No, está casado, con Liliana. Liliana Valente. Es una
modelo, una
top model
. Es muy famosa. ¿No la has visto en
la televisión?
–No. No veo mucho la tele.
–Pues precisamente quiero hablarte de ella, de Liliana. Es
algo importante, creo. Esta mañana he recibido esta nota.
Salinas le da una nota a Lola. Es una hoja de papel ama-
rillo con algo escrito a mano.
–«Ernesto: Ella sabe donde está. Una amiga» –lee Lola–.
Bueno, sólo dice «ella».
–Sí, de acuerdo, sólo dice «ella». Pero «ella» tiene que ser
Liliana.
–No sé, no sé. Todo me parece un poco raro.
–Sí, es raro. Pero yo creo que… Creo que Liliana está
detrás de todo esto. Ella no lo quiere. Sólo quiere su dinero.
Quiere ser rica, rica y famosa.
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–Me parece que no te cae muy simpática Liliana.
–No, no es eso, pero… Es que no confío en ella.
Y Lola piensa irónicamente:
–¡Qué bonito tema para un culebrón
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! Un cantante rico
y famoso casado con una mujer mala que sólo quiere su
dinero. Tengo que contárselo rápidamente a Margarita.
Esto es mucho más divertido que la tele.
–Además de Liliana, ¿hay alguien más? Algún amigo o
amiga sospechosos… ¿La mafia?
–Nunca ha tenido problemas con la mafia… Víctor no
tiene negocios sucios. Con su música gana mucho dinero.
–¿Quién administra sus negocios?
–Su secretario, Laureano Montero.
–¿Y qué tal es? Me gustaría hablar con él.
–Laure…, le llamamos Laure. Es un tío raro
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. No habla
nunca. Siempre está solo, no sale… No se parece en nada a
Víctor. Es todo lo contrario. Laure es un amigo de la infan-
cia de Víctor, de la escuela.
–¿Confías en él?
–Sí, totalmente. Es totalmente fiel.
–Pero tampoco te gusta mucho Laure.
–Yo no le gusto a él –responde Salinas.
–¿Me das su número de teléfono?
–Sí, es el 3457690. Vive en la calle Ferraz.
–¿Alguna otra información? –pregunta Lola.
–No, creo que no.
–Pues dame la dirección de la casa de Víctor. Vamos a
empezar por ahí.
–Paseo de los Álamos, número 45. La Moraleja.
A Lola no le ha gustado mucho Salinas. Pero un cliente es
un cliente.
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Cuando Lola llega a la agencia, hay una nueva sorpresa.
Ha llamado una nueva cliente: Liliana Valente, la mujer de
Víctor Monasterio. ¡Qué casualidad! Margarita está cada
vez más excitada:
–Dice que va a llamar más tarde, que necesita un detecti-
ve… –explica a Lola.
–Muy bien, muy bien, está bien…
Lola tranquiliza a Margarita. Luego Lola habla con Paco,
que ya ha llegado.
–Tengo un trabajo interesante para ti.
–A tus órdenes, nena.
–No me llames nena. Tienes que vigilar a Liliana Valente.
Es guapísima, ¿sabes? Una
top model
.
–¡Liliana Valente! La de los anuncios de cava
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en la
tele… ¡Qué buen trabajo! No la voy a dejar ni de día ni de
noche.
–Muy bien. Si quieres vamos ahora mismo a su casa, en La
Moraleja.
–Vale, vamos. Pero no en tu vespa…
–¿Por qué no?
–Bueno es que estoy un poco resfriado y…
La verdad es que tiene miedo. Lola conduce su vespa
como un Fórmula 1.
–Vale… Vamos en taxi, pero va a salir carísimo.
–Sí, pero ahora somos una agencia de detectives impor-
tante… ¡¡¡Vamos a ser famosos!!!
–No sé, no sé. Es un caso difícil.
Antes de salir, Lola coge otra llamada. ¡Es increíble! Es la
casa discográfica de Víctor, DCT: también buscan un detec-
tive…
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–Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué nos llaman todos a nosotros?
No lo entiendo. Miguel, tú vas a hablar con los de DCT,
¿O.K.? Y nosotros nos vamos a casa de Víctor. Yo he queda-
do con Liliana.
–Todas las agencias de detectives de Madrid están de
vacaciones, me parece –dice Paco.
Margarita está muy nerviosa. Hoy no ha llamado a Tony.
Lleva todo el día puesto el
walkman
, con el último casete de
Monasterio.
–Quiero estar a tu ladooooooo, siempre a tu ladoooo…
–canta Margarita con los ojos en blanco. Es la canción que
más le gusta.
Feliciano la mira y piensa que él también quiere estar a
su lado. Luego, se come un bocadillo de atún.
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La casa de Víctor Monasterio es una casa enorme, de bas-
tante mal gusto. «Hortera, como él», piensa Lola. Ahora
está rodeada de periodistas y fotógrafos. Lola llama al tim-
bre y se oyen perros. La puerta se abre y un guardia de segu-
ridad
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, que parece un boxeador, la deja entrar. Paco se
queda fuera, hablando con un periodista.
El jardín es muy grande y hay una piscina. En la piscina
está tomando el sol una mujer muy alta, con un bikini muy
pequeño. Lola se acerca a la piscina y se presenta.
Liliana se levanta, sonríe como en un anuncio de la tele y
la invita a tomar algo. A Lola le duele mucho la muela y pre-
gunta:
–¿Tienes orujo? Es que me duele mucho una muela y…
Lola cree que lo mejor para las muelas es el orujo. Mucho
mejor que las aspirinas.
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