–Eso pienso yo también –dice Lola–. Y ahora, Carmela, lo
siento, pero me voy a dormir. Mañana va a ser un día muy duro.
–Buenas noches, bonita… Que descanses –le dice Carmela
desde la puerta.
14
Al día siguiente, en la oficina, Margarita sigue triste y
nerviosa.
Feliciano trabaja en la letra de su canción para Margarita:
Su hombre
.
–Su hombre, su hombre es él, y no soy yo, yo le soy fiel…
A las nueve y diez, llega Paco. Lola y Miguel ya están en
la oficina. Paco está muy cansado pero trae noticias. En la
mano lleva un pequeño casete, como los de los periodistas.
–¿Has encontrado algo interesante?
–¡Muuuuy interesante! Verás: a las diez de la noche sale
Liliana de la casa de La Moraleja, en un Jaguar, con su chó-
fer, el boxeador. Yo cojo un taxi y les sigo. Llegan a Las
Ventas
32
. Allí, Liliana entra en un bar, un bar normal, de
barrio… Un bar con televisión, máquina tragaperras, olor a
aceite…
33
. Y… ¿quién está allí? Nuestro amigo Salinas…
–¿Y como sabes que era él?
–Alto, rubio, elegante. Ella le llama Ernesto…
–Sí, es él.
–Yo me pongo a su lado con el casete de 007, de James
Bond…
Margarita se ríe.
–¿De qué te ríes? –pregunta Paco muy serio.
–Hombre, tú y Sean Connery no os parecéis mucho…
–Muy graciosa… Me parezco más a Roger Moore. ¿Sigo?
–Esto es muy serio, chicos –dice Lola.
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–Sigue, por favor –dice Miguel.
–Yo les grabé con el casete… ¿Queréis escuchar la con-
versación?
–Claro, Paco, naturalmente…
Paco pone la grabación.
–Explícame… ¿qué quieres? ¿Dinero? ¿Más dinero? –le
pregunta Salinas a Liliana. Está muy excitado.
–Yo no he hecho nada. Yo no sé nada. Yo estaba de
acuerdo con nuestro plan. El 50% para mí es suficiente. Tú y
yo trabajamos juntos, ¿no?
–Bip, bip, bip, plinc, bip, bip, bip, plinc...
–¿Y eso qué es? –pregunta Lola extrañada.
–Una máquina tragaperras.
–¿Cómo?
–Sí, lo siento, no pude grabar más. Una señora se puso a
jugar con la máquina. Exactamente al lado. Después, los dos
se fueron.
–¿Juntos?
–No, separados.
–Bueno, pues vamos a estudiar lo que dicen en la cinta:
«nuestro plan», «el 50%», «trabajamos juntos»… ¿Qué sig-
nifica todo esto?
–Pues está muy claro… Ellos estaban de acuerdo. Y ahora
no. No confían el uno en el otro. Con las notas…
–Quieren dinero…
–Sí, dinero sucio, dinero de Víctor.
En un rincón de la oficina está Margarita con sus pañue-
los de papel.
–Sniff, sniff… Pobrecillo, pobre Víctor.
–«Tu» Víctor está muy bien, Margarita, mejor que antes,
creo.
–¿Tú crees? –Margarita mira a Lola con esperanzas.
–Sí… pero, ¿dónde está? –dice Paco.
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Pero Paco tiene aún otra información interesante. Ayer,
en La Moraleja, habló con un periodista de una revista del
corazón.
–Parece que Liliana y Víctor se llevan muy mal. Están a
punto de divorciarse…
Margarita sonríe. Todavía hay esperanzas…
–Tenemos que ver a alguien.
–¿A quién?
–A Laureano Montero, el secretario –dice Lola–. Él lo sabe
todo sobre el dinero de Víctor.
Lola llama a Laureano y queda con él en una terraza del
Parque del Oeste, en Pintor Rosales
34
.
Cogen la vespa y van hacia allí. Paco va sentado detrás,
muerto de miedo.
Miguel, mientras, vigila en La Moraleja, en la casa de
Monasterio. Pero allí no pasa nada. Los fotógrafos han
hecho un verdadero cámping alrededor de la casa y espe-
ran. Miguel lleva también una cámara. Así parece un perio-
dista más.
Lola y Paco llegan a la terraza antes que el secretario de
Monasterio. Toman unas cervezas y unos boquerones. Lola
ya no necesita orujo. Tiene la muela un poco mejor. Unos
diez minutos después llega Laure: es bajito, muy delgado,
un poco femenino. Parece muy tímido. Lola piensa que es
como Feliciano pero con ropa elegante, de Christian Dior.
Después de las presentaciones, Lola le pregunta directa-
mente:
–¿Qué opinas tú de la desaparición de Víctor? Tú eres su
mejor amigo, ¿no?
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–Sí, bueno, no sé… Él es mi mejor amigo… Yo no estoy
preocupado.
–¿Por qué?
–Él está bien.
–¿Cómo lo sabes?
–Lo sé…
–¿No quieres explicarnos nada?
–No. Trabajáis para ellos, ¿no?
–¿Ellos?
–Sí, claro, para Liliana y Salinas…
–Sí, trabajamos para ellos, pero somos gente seria.
–Ellos no son gente seria. Son mala gente. Lejos de ellos,
Víctor está mejor.
–Sólo una pregunta. Es muy importante.
–Dime.
–Si le pasa algo a Víctor…
–Quieres decir si muere…
–Bueno…, sí.
–Hay un contrato. Yo estaba en contra pero Víctor lo
firmó. Los derechos de sus canciones quedan 50% para
Liliana y 50% para Salinas.
–Gracias por todo. A nosotros Liliana y Salinas tampoco
nos gustan… Creo que ya no son nuestros clientes…
Por fin Laure sonríe un poco y Lola piensa:
–Cuando sonríe, tiene unos ojos bonitos.
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Paco y Lola suben a la vespa en silencio. Van hasta la ofi-
cina sin hablar.
En la oficina hay reunión general. Todos están muy serios.
Tienen que tomar una decisión.
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Lola habla primero.
–Yo, personalmente, no quiero trabajar más para Salinas
y Liliana. Creo que cuando ellos hablan de «su plan» hablan
de matar a Monasterio. Monasterio no está secuestrado. Se
ha ido. Se ha ido con su perro Percy, lejos del peligro.
Todos están callados, serios.
–¿Hablamos con la Policía? –pregunta Miguel.
–Sólo tenemos una teoría –dice Paco–. No tenemos nin-
guna prueba. Ya sabes cómo es la Policía…
De pronto entra Margarita histérica.
–¡Lo tengo! ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!
–Loca… Está loca –dice Paco.
–¿Qué pasa? ¿Qué tienes? –pregunta Lola.
–¡A él, a Víctor Monasterio! Sé dónde está….
–¿Quéeeeeeee? –dicen todos a la vez.
–Sí, sé dónde está. Esta mañana he llamado a mi amiga
Adelina, la de mi pueblo, para explicarle todo. Ayyyy…
Estoy tan nerviosa… A ella, a mi amiga Adelina, también le
gusta mucho Víctor. Tiene todos sus discos…
–Bueno, sí, ¿y qué? –pregunta Lola impaciente.
–Pues se lo he explicado todo. Y también lo del perro, lo
de Percy: un perro rojizo, con el pelo largo… Y entonces
Adelina me dice: «Dios mío, entonces es él… Está aquí en el
pueblo, en Villasalencia del Robledal». Villasalencia del
Robledal, provincia de Badajoz, es mi pueblo. Y el pueblo de
Adelina. Ella le ha visto y ha pensado: «Se parece a Víctor
Monasterio, pero no puede ser él». Está viviendo en una
casa, en el monte, a unos tres kilómetros del pueblo.
–¡Vamos a ser famosos! Margarita, ¡eres fantástica!
Llama a Adelina: tiene que vigilar la casa del monte. En tres
horas estamos allí.
–¿Vamos en moto? –pregunta Paco con terror.
–No, tranquilo, en el coche de Miguel.
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